El PUEBLO que trasciende tres fronteras para salvar un río.
Un reportaje fotográfico de Charlie Hoffs y Annabel Prokopy.
17 de Junio, 2026
El río Uchusuma solía atravesar Perú, Chile y Bolivia. Sustentaba a las comunidades indígenas aymaras, diversos humedales y rebaños de llamas y alpacas. Una agencia gubernamental regional de agua en Perú, el Proyecto Especial Tacna (PET), perforó pozos en la subcuenca del Uchusuma para irrigar cultivos destinados a la exportación desde el desierto más árido del mundo—la Atacama—y el río se secó. Las comunidades aymaras se organizaron a través de las fronteras para defender su agua, y ganaron. Su acción logró cerrar los pozos en 2021 y el río volvió a fluir. Pero en 2023, el PET reabrió los pozos. La comunidad se está movilizando nuevamente.
Ch’uxña Umani [chooh-nya oo-ma-nee] significa “aguas verdes” en aymara.
Ch’uxña Umani era una vibrante comunidad aymara. Con vistas al altiplano chileno septentrional a 4000 metros de altitud, Ch’uxña Umani se encontraba enclavada en el amplio cauce del río Uchusuma.
“El río Uchusuma era un paraíso para mí,” dice Gladys Vásquez Poma, quien creció a orillas del río. “La flora y fauna lo rodeaban a todo, los cóndores, las vicuñas (parientes silvestres de la alpaca), los suris (aves andinas parecidas al avestruz), las wallatas (gansos andinos), el pukupuku (ave pequeña, que se considera como reloj andino porque mide la hora), el liqi liqi (chorlito andino), uma liqi liqi (ave que aparece en el tiempo de lluvia).”
Ella relata que el río era inmenso, y que no solo atravesaba Perú, Chile y Bolivia, sino que llegaba hasta Pumahuasi, Argentina.
“Hoy en día, nada. Un desierto.”
En agosto de 2025, las rocas, antaño redondeadas por el río Uchusuma, se encuentran ahora en el lecho seco del río en Ch’uxña Umani, Chile. El río fluía antes de que los pozos gestionados por el Proyecto Especial Tacna extrajeran su agua subterránea y la desviaran hacia Tacna. Foto de Annabel Prokopy.
El río Uchusuma dio vida al bofedal de Ch’uxña Umani. Los bofedales son humedales de gran altitud, esenciales para el ciclo del agua andino, y hogar de camélidos sudamericanos como las llamas y las alpacas.
Llamas pastando cerca de Ch’uxña Umani en agosto de 2025. Los ganaderos se vieron obligados a reubicarse cuando el río Uchusuma se secó. Foto de Annabel Prokopy.
Florencio Villanueva Sarco se encuentra en el lecho seco del río Uchusuma en agosto de 2025. Antes, el río irrigaba exuberantes humedales. Foto de Annabel Prokopy
Hoy, el cauce original del río está completamente seco.
Florencio Villanueva Sarco entrecierra los ojos ante el sol abrasador que calienta el lecho seco del río. “Mi madre vivió cuando tenía todo el bofedal, toda la fauna silvestre,” dice. “Después, creo que ella tenía su cuarenta por allí, y todo hasta el día de hoy empezó a convertirse en un desierto.”
El pueblo aymara ha habitado los Andes durante milenios. Hoy en día, cerca de dos millones de aymaras viven en todo el mundo. Muchos continúan cuidando los ecosistemas andinos: pastoreando camélidos, preservando los bofedales y viviendo de acuerdo con una cosmovisión que prioriza el equilibrio y la reciprocidad.
La colonización occidental intentó erosionar las culturas y las tierras aymaras. En el siglo XVIII, los colonos españoles en Tacna, una ciudad costera desértica en el actual Perú, planearon canalizar el río Uchusuma para irrigar plantaciones agrícolas. El plan no se concretó. Décadas después de la independencia del Perú, a mediados del siglo XIX, empresarios peruanos y británicos en Tacna también lo intentaron, sin éxito. En la década de 1870, Chile, Bolivia y Perú compitieron ferozmente por extraer el salitre nitrato del desierto de Atacama y exportarlo a Europa. Los chilenos y sus socios comerciales británicos, que explotaban concesiones mineras en territorios peruanos y bolivianos, dominaban la industria. Las tensiones aumentaron en la zona rica en nitratos, desembocando en la guerra del Pacífico, al final de la cual Chile conquistó vastos territorios peruanos y bolivianos.
La guerra terminó, pero no todas las fronteras quedaron definidas. Chile y Perú continuaron disputándose la propiedad del territorio de Tacna-Arica. Ch’uxña Umani se ubicaba en esta región en disputa. Para aumentar la lealtad, el poder y las ganancias de Chile en Tacna-Arica y posicionarse para tomar el control, Chile llevó a cabo una campaña de “chilenización”. El intento de Chile de imponer la identidad nacional a lo largo de sus nuevas fronteras dividió a las comunidades.
“Mi ayllu (estancia) está repartida entre Chile y Perú, y un pedazo en Bolivia. Entonces una siendo jovencita se sentía, ‘¿De dónde soy? ¿Cómo soy?’ Es horrible,” explica Vásquez. “Antes éramos una sola nación, que es el pueblo aymara.”
Gladys Vásquez Poma en su casa en Arica en agosto de 2025. Vásquez creció en una estancia dividida entre Chile, Perú y Bolivia. Foto de Annabel Prokopy.
Nicasio Marca Onofre se acerca a las ruinas de la casa de su infancia en agosto de 2025. Su familia fue desplazada cuando el río Uchusuma se secó. Foto de Annabel Prokopy.
Nicasio Marca Onofre creció a orillas del río Uchusuma. “Se andaba con las alpacas,” recuerda. “Nos encontrábamos con los mismos pastores, los vecinos, compartían los platos—platos de Perú y platos de Chile, una cosa así. Éramos como una familia ahí, compartíamos en la hora del almuerzo. Éramos todos transparentes, en conjunto. A las 2, 3 por la tarde aproximado, la alpaca se separaba para Perú, la alpaca Chilena para acá.
Ahora? Pura pelea.”
La chilenización no solo transformó identidades y comunidades, sino también paisajes. A principios del siglo XX, Chile comenzó la construcción de un canal para desviar el río Uchusuma con el fin de impulsar la agricultura y el asentamiento chileno en el desierto costero de Tacna-Arica.
Pero otro recurso extraíble pronto captó la atención de Chile: el azufre del volcán Tacora. Por lo tanto, en 1929, cuando Chile y Perú firmaron un tratado —mediado e influenciado por Estados Unidos— que confirmaba Arica para Chile y Tacna para Perú, Chile optó por el azufre de Tacora. Intercambió con Perú el canal Uchusuma, que aún estaba en construcción.
Perú completó el canal Uchusuma en 1954.
Germán Flores Mamani contempla el Canal Uchusuma en agosto de 2025. El canal se construyó cuando Flores era niño. Foto de Annabel Prokopy.
Germán Flores Mamani, nacido en 1947 al pie del volcán Tacora, recuerda a los constructores del canal: “Yo miraba en un momento no más porque aquí fueron ellos dueños de la propiedad. Y hoy día este canal también nos perjudica a nosotros.”
El canal comenzó a secar el río, pero lentamente. El cambio drástico se produjo en la década de 1970: cuando el Estado peruano perforó pozos.
“Empezaron a hacer sondajes con el pretexto de que estaban paseando, viendo,” explica Vásquez. “Sin hacer ninguna consulta a la gente. Nada. Incluso ellos han dicho de que en este lugar no hay gente, no vive nadie. Entonces con más razón ellos hicieron los pozos.”
La decisión del Comité de Derechos Humanos de la ONU de 2009 en el caso de la madre de Gladys Vásquez Poma (Ángela Poma Poma vs. Perú, CCPR/C/95/D/1457/2006) describe cómo Proyecto Especial Tacna (PET) planeó “la construcción de doce nuevos pozos en la región Ayro, con la previsión de construir cincuenta pozos adicionales subsiguientemente. La autora hace notar que esta medida aceleró el proceso de desecación y degradación de 10.000 hectáreas de tierras aymara de pastoreo y la muerte de gran cantidad de cabezas de ganado. Las obras se realizaron sin contar con resolución aprobatoria del estudio de impacto ambiental.”
En noviembre de 2025, se extraía agua subterránea de la subcuenca del río Uchusuma mediante los Pozos del Ayro, perforados en la década de 1970. Foto de Annabel Prokopy.
A lo largo de la costa árida de Tacna, el sector agrícola de La Yarada estaba expandiéndose extrayendo agua del acuífero de La Yarada. Sin embargo, la continua explotación de aguas subterráneas costeras durante la década de 1980 provocó que, para 1989, el acuífero de La Yarada estuviera sobreexplotado. En lugar de hacer cumplir las prohibiciones de perforación de aguas subterráneas en La Yarada, PET facilitó la expansión de la agricultura mediante el suministro de agua desde el Altiplano.
PET bombeó agua subterránea de los Pozos del Ayro. El río Uchusuma desapareció de su cauce natural.
Los bofedales a lo largo del río Uchusuma en Perú, Chile y Bolivia se secaron. Miles de animales murieron de hambre y las familias tuvieron que abandonar sus hogares. El bofedal de Ch’uxña Umani se secó, obligando a las familias de Ch’uxña Umani y otras estancias chilenas a trasladarse a Visviri.
“Yo tenía como 160 alpaca y llama, como 80 y tanto oveja. Nos quedamos con 8 o 9 alpaca y llama. Oveja quedó con 14, o 18,” recuerda Marca. “Y todos partimos para Visviri. Porque en Visviri hay agua. Y ahí quedó las casas botados.”
Su madre quiere volver, pero “cuando yo le traje por aca, puro llorar. Imaginate, lloró porque vivía acá. Se crió acá. Me trajo a mi, me trajo a mi hermano. Sería diferente si estuviéramos de tener el bofedal. Estar como estábamos. Pero ahora sin agua, no se puede hacer nada. Si tuviera todavía el agua, estuviera acá. Hubiera tenido estos muros, ya yo hubiera tenido muros de adobe.”
La iglesia abandonada de Ch’uxña Umani aparece en la fotografía tomada en agosto de 2025. La iglesia solía ser un espacio comunitario para ceremonias y celebraciones. Foto de Annabel Prokopy.
En la iglesia de Ch’uxña Umani, donde la comunidad solía rezar, cantar y bailar para dar la bienvenida a la temporada de lluvias, un viento seco silba entre las ruinas vacías.
“Acá a la vueltita hay una iglesia. Allí no queda nada, hay una ruina”, dice Villanueva. “Él hacía una ceremonia, mi abuelo. Era una ceremonia para pedir lluvia. Se fue quedando atrás. Ya no hay una convivencia sana como antes.”
Marca relata: “Se hacía una agrupación. Venía de Perú, de Bolivia de Charaña, tocando su tarqa, tocaba su zampoña.”
Nicasio Marca Onofre sostiene un candado oxidado frente a la casa de su infancia en agosto de 2025. Su familia abandonó su estancia cuando el río Uchusuma se secó. Foto de Annabel Prokopy.
Marca ve un objeto metálico opaco en el suelo, frente a la casa donde creció. Se agacha y lo recoge. Era la cerradura de su puerta.
“Todo lo que era ya no está,” suspira, “Ya lo dejaron.”
Las comunidades aymaras se organizaron para defender el río Uchusuma. En 1994, los habitantes de Ancomarca, un pueblo del lado peruano de la frontera trinacional devastado por la sequía del Uchusuma, protestaron contra los Pozos del Ayro. La policía peruana intentó silenciarlos mediante amenazas.
La comunidad no se dejó silenciar. Fortaleció su poder más allá de las fronteras. En 1996, en la frontera trinacional, miembros de la comunidad fundaron el Parlamento del Pueblo Qullana Aymara (PPQA; en Aymara: Qullana Suyu Wiñaya Aymara Marka Apu Ulaka) para proteger la tierra, el agua y la vida del pueblo aymara.
Gladys Vásquez Poma revisa sus archivos en agosto de 2025. Los periódicos publicaron titulares sobre las protestas contra el PET en la década de 1990. Foto de Annabel Prokopy.
Vásquez relata: “En el año 1996 nos reunimos todo. Ahí es donde yo tomo fuerza, como mi nación Aymara: ‘Ah. Eso soy yo’. Había muchos abuelitos presentes y nosotros los afectados, de Bolivia y también de Chile. Los abuelitos dijeron, ‘Nosotros tenemos que reaccionar porque los estados tienen su representante, los pueblos indígenas no tenemos representantes.’ Es como reconstruir nuestra nación y como pueblos indígenas reclamar esos recursos porque los estados no iban a hacer nada. Era todo lo contrario. A los estados era atropellarnos y sangrarnos más.”
Durante más de dos décadas, la PPQA organizó cumbres internacionales anuales en Perú, Chile, Bolivia y Argentina. Flores participó en dos cumbres de la PPQA, viajando un día en bicicleta hasta el Alto Perú. Otros llegaron en coche, autobús, burro o a pie.
La PPQA se asoció con abogados para exigir ante los tribunales peruanos que PET cierre los pozos. Los tribunales desestimaron su caso repetidamente. “No hubo oídos. Nos ignoraron por completo, pretexto que Tacna tiene más población, dice Vásquez. “Nosotros no somos nada. Somos piedras.”
La PPQA elevó su caso a las Naciones Unidas. Pastores aymaras viajaron repetidamente a Ginebra para denunciar los pozos; presentaron pruebas, se reunieron con embajadores y se manifestaron junto a activistas indígenas de todo el mundo. En 2009, el Comité de Derechos Humanos de la ONU dictaminó que Perú debía proporcionar “un recurso efectivo así como medidas de reparación adecuadas al perjuicio sufrido” y “tomar las disposiciones necesarias para que en lo sucesivo no ocurran violaciones parecidas.”
PET violó el fallo al continuar operando los pozos. En la década de 2010, lanzó un nuevo y masivo proyecto hídrico denominado Vilavilani II Fase I, que incluía una expansión planificada de los pozos.
Las comunidades aymaras y las organizaciones de derechos humanos condenaron Vilavilani II Fase I. En septiembre de 2020, las persistentes protestas obligaron a PET a cerrar tres de los cuatro componentes del proyecto, incluidos los Pozos del Ayro. Sin embargo, PET se negó a detener el último componente, el canal Vilachaullani. Las comunidades aymaras continuaron manifestándose. En octubre de 2020, el Tercer Juzgado Civil de la Corte Superior de Justicia de Puno falló a favor de la comunidad, exigiendo a PET el cierre del canal.
A pesar del fallo, PET continuó construyendo el canal. En 2021, más de mil personas aymaras se organizaron en turnos para ocupar la obra las 24 horas del día. La comunidad logró su objetivo y el canal quedó suspendido. Con la construcción paralizada y los Pozos del Ayro cerrados, el río Uchusuma volvió a la vida.
Gladys Vásquez Poma bajo la bandera wiphala en agosto de 2025. Vásquez Poma protestó contra PET con el Parlamento del Pueblo Qullana Aymara. Foto de Annabel Prokopy.
“Se reactivaron los bofedales,” explica Vásquez. “Ahora por los tres años que aparece, por lo menos los animales ahora ya mataron su sed. Se puso lindo los bofedales en enero, febrero, hermoso. Verde todo. Con poca agua, pero lindo, hermoso.” Levanta la vista hacia la wiphala, la bandera aymara. “Nos da la Pachamama, nos cría. Tenemos que dar cuidado a nuestra madre tierra y viceversa. Es un ayni (práctica recíproca).”
A finales de 2023, sin embargo, PET reactivó los Pozos del Ayro. El río Uchusuma ha vuelto a desaparecer siguiendo su curso natural. Vásquez afirma que esto es “la muerte para nosotros. Vulneran todos los tratados, vulneran todo el derecho de los pueblos indígenas, vulneran el Convenio 169 de la OIT. Saquear los minerales que de tantos años nuestros tatarabuelos han cuidado y nos han dejado. Esos cerros son achachilas (espíritus ancestrales) para nosotros. ‘Jaqin yanakapax suma uñjañawa’: ‘Hay que cuidar los bienes ajenos’. Tienes que cuidar más que el tuyo.”
En noviembre de 2025, los Pozos del Ayro extrajeron agua subterránea de la subcuenca del río Uchusuma. Estos pozos se construyeron para desviar agua hacia Tacna. Foto: Annabel Prokopy.
La principal fuente de agua para la región de Tacna es el sistema acuífero costero de Caplina, que incluye el acuífero de La Yarada. De los 197 hm³ extraído por el este sistema por año, el 6% se utiliza para agua potable para los residentes de Tacna. El 92% se utiliza para la agricultura, de la cual una gran parte se extrae a través de unos 800 pozos ilegales.
La mitad de la superficie de el área cultivada de Tacna está dedicada al cultivo de olivos. La región es la principal exportadora de aceitunas del Perú.
Un ganadero en Perú, cerca de los Pozos del Ayro, sostiene tierra seca y compactada en noviembre de 2025. Antes era un fértil humedal. Foto de Annabel Prokopy.
No obstante, PET afirma que Tacna necesita el río Uchusuma para su abastecimiento de agua potable. Se justifica así la entrega de 29,72 hm³/año a través del Canal Uchusuma hasta Tacna, de los cuales el 50% es para agua potable y el 50% para agricultura.
Angela Poma Poma (izquierda) y su hija Gladys Vásquez Poma (derecha) antes de una protesta en Tacna, Perú, el 30 de marzo de 2026. Foto de Charlie Hoffs.
“Ya estoy también ya de edad, digamos, más de 30 años de lucha”, dice Vásquez. “La lucha va a continuar, va a seguir mientras nosotros estemos vivos. Cuando empezaron a funcionar los pozos, mira, empezó a secar todo, enero, febrero, marzo. Nosotros ya nos volvimos a protestar.”
El 30 de marzo de 2026, más de doscientos miembros de la comunidad aymara de Ancomarca, Perú, viajaron a Tacna para protestar contra PET y EPS (Empresa Prestadora de Servicio de Saneamiento, agencia que administra los Pozos del Ayro junto con PET). Exigieron que PET y EPS cierren permanentemente los Pozos del Ayro.
En respuesta a la protesta, EPS acordó verbalmente suspender temporalmente el uso de los pozos. Los organizadores de Ancomarca afirman que continuarán protestando hasta que los Pozos del Ayro sean cerrados definitivamente.
El 30 de marzo de 2026 en Tacna, Perú. Fotos de Charlie Hoffs.
El 30 de marzo de 2026. Foto de Charlie Hoffs.
Antes de partir de EPS para reagruparse y planificar los siguientes pasos, los miembros de la comunidad corearon un último cántico: “¡El agua no se vende. El agua se defiende!”.
Este artículo fue escrito por Charlie Hoffs (investigadore en Arica, Chile; Licenciatura en Ingeniería Química, Máster en Investigación en Salud Comunitaria y Prevención; Stanford '23) y Annabel Prokopy (fotoperiodista e investigadora con experiencia en Estados Unidos, Chile y Brasil; Licenciatura en Geografía; Universidad de Indiana '26). Hoffs y Prokopy agradecen profundamente la colaboración de Rolando Manzano Rada de la Fundación Markas Layku y del centro de investigación Núcleo Milenio AndesPeat de la Universidad de Tarapacá en Arica, Chile.